Una hoguera que no quema al igual que un brillante sin brillo, el calor adormece las manos húmedas del mar, al que llamaron las sirenas a navegar con un canto particular de odio a esas personas que esconden su pasado, pasados por agua lloran de dolor por algo que nunca cambia, aquello por lo que vivimos, que los hace sentir como una mera gota en el inmenso océano golpeados por las olas del presente y oteando las del futuro.
Aquel errante que partió, con sus velas a zarpar, el viento le llevó a sitios recónditos donde el se quiso quedar, le abandono el viento, y sólo se pudo lamentar, de aquellos lugares, donde jamás pudo navegar